17 jul. 2011

Por qué persigue el gato al ratón, Leyenda de Camerún

También nos han visitado desde África, por la situación en el mapa, seguramente desde Yaoubé, capital de Camerún, podéis verla en las fotos y esta es una de sus leyendas:


(Los ancianos cameruneses enseñan a los niños todas las cosas que aprendieron. Los niños/as participan en las reuniones del poblado ycuando necesitan comprender el significado de algo buscan a los ancianos paraque se lo expliquen. Los escuchan con atención porque se fían de ellos y lestienen mucho respeto.
Un día, en el poblado bantú, llovía y llovía. La pequeña Tumai estaba dentro de la cabaña junto a los demás. Todos esperaban a que terminara la lluvia para volver a los campos. Tumai se aburría, y llegó un momento en que le preguntó al abuelo, que siempre tenía respuestas para todo:

- Abuelo, ¿por qué el gato persigue al ratón? El abuelo empezó a contarle esta historia:


“Hace mucho tiempo, el gato y el ratón eran amigos. Vivían juntos en una casucha a la orilla del río y pasaban los días jugando y comiendo. - ¡Tenemos un problema, amigo! – dijo un día el gato- Esta tarde no tendremos nada para comer: nuestras provisiones se han terminado. - No te preocupes, una plantación de maíz al otro lado del río. ¡No veas qué atracón nos vamos a dar! – dijo el ratón frotándose la tripa. - Sí, tú siempre lo ves todo, muy fácil, pero ¿cómo cruzaremos el río?

- ¡Mira! –dijo el ratón mientras rebuscaba entre los árboles- Con este gran jam (raíza grande que se utiliza como alimento) construiremos una canoa para cruzar el río. Después de varias horas, acabaron el trabajo. La canoa estaba lista.




- Ánimo, amigo –dijo el ratón- , coge la cuerda y ayúdame a arrastrar la canoa hasta el río. - ¡Un, dos! ¡Un, dos! –el gato delante tiraba de la cuerda sin saber que, en el otro lado, el ratón tumbado sobre la canoa, no le ayudaba. - ¡Qué cansancio! –exclamó el gato, secándose el sudor de la frente. El pobre gato no se había dado cuenta de que un nubarrón negro estaba mojando tanto su tripa que le caían muchos goterones. - ¡Oh, no! –dijo el ratón. Estamos perdidos. Nuestra cena va a tener que esperar. Y así, se refugiaron bajo las ramas de un gran árbol y esperaron allí durante horas. El ratón iba de aquí para allá impaciente, porque tenía mucha hambre.


Terminada la lluvia, comenzaron a atravesar el río. El viaje era demasiado largo. El ratón tenía más y más hambre y, mientras el gato miraba el paisaje, se comió un pedacito de la canoa hecha de jam. Un mordisquito por aquí, otro por allá, y la canoa comenzó a hundirse. El gato remaba con todas sus fuerzas y miraba enfadado al ratón diciendo:





- Cuando lleguemos a tierra, te voy a agarrar y te voy a comer. Además del maíz, ¡tú vas a llenar mi tripa! –el ratón temblaba de miedo y, al llegar a tierra, se escapó a la selva. El gato lo persiguió gritando: - ¡Maldito ratón! Cada vez que te vea, voy a correr detrás de ti. Desde aquel día, el gato y el ratón son enemigos y continúan aún hoy corriendo el uno tras el otro.

Cuando el abuelo terminó el relato, fuera ya no llovía. Tumai salió con los demás después de dar las gracias al abuelo por haberle contado la historia.

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