14 mar. 2010

Historia callejero de Tarragona Carrer del Pare Palau - Calle del Padre Palau


Nació en Aytona (Lérida) el 29.12.1811, de familia pobre pero muy cristiana.

En 1828 ingresó en el seminario de Lérida, donde estudió filosofía y teología durante cuatro años.

El 14.11.1832 vistió el hábito de carmelita teresiano en Barcelona, donde profesó el 15.11.1833.

En 1835 incendiaron el convento de Barcelona, donde él vivía, y el 2.4.1836 se ordenaba sacerdote.

Forma parte del grupo de misioneros que en aquella época, -en Cataluña-, tratan de reafirmar la fe de los creyentes. Como la situación social es insostenible marcha hacia el exilio francés. Tiene 29 años. En Francia permanece once, -los más importantes de su vida- Allí vive en profunda comunión con la Iglesia de su tiempo. Dedica considerables espacios a la contemplación, mientras orienta y acoge toda clase de personas que atraídos por su firme y coherente personalidad, quieren vivir el evangelio a su estilo.

Escribe en relación con esta etapa: Perdida la esperanza de morir en la lucha de mi pueblo, muy joven aún, al no poder soportar la llama del amor que me quemaba, decidí vivir solitario. Te llamé y no me respondiste; te busqué en el seno de las montañas, en medio de los bosques, sobre las cimas de las peñas solitarias.... y no te encontré. En las hermosas mañanas de la primavera, en las tardes serenas del estío, en las noches frías y heladas del invierno, dentro de las cuevas, sobre las cumbres de los montes, te busqué y no te encontré. ¿Dónde estabas?

La reina Isabel II interviene para que regrese a España, donde organiza su intenso apostolado. Ha medido sus fuerzas con todos los obstáculos y cuenta con la gracia para ganar todas las batallas que le presente el enemigo.

Dotado por Dios con el don de profecía y milagros, tuvo que soportar varias denuncias y juicios por las numerosas curaciones que hacía sin ser facultativo. En varias ocasiones practicó los exorcismos con el más cumplido éxito.


Dejó Francia y se incardinó en el Obispado de Barcelona, donde se dedicó a atender espiritualmente a los seminaristas de la diócesis, a formar en la fe a personas adultas comprometidas en el mundo laboral -en aquel momento en el inicio de la industrialización-. Acompañó también a los recién llegados en barrios marginales. Mientras tanto, un grupo de mujeres vivían el evangelio -en nuestra diócesis-, orientadas por él.

Los sectores anticlericales y revolucionarios de Barcelona, se dan cuenta de que el P. Palau les está ganando terreno entre la clase proletaria. Movilizan la prensa sectaria y multiplican sátiras y calumnias contra la escuela. La culpan de las huelgas laborales. La autoridad militar la cierra y destierra al P. Palau. Es el año 1854. La misma suerte que él, corre el Obispo de la ciudad. Por otro lado los grupos femeninos de Lleida quedan suprimidos. Tú me salvaste la vida porque me tenías preparado otro martirio, mil veces más cruel -rumió el P. Palau al dirigirse a la Iglesia-. .

Llega a Ibiza, prisión del Estado, calumniado, perseguido y vigilado. Afronta la difícil situación, calla, reza y deja que pase el tiempo. Rehace su estilo vocacional: de la soledad al servicio apostólico y de éste al silencio contemplativo. Son coordenadas vocacionales. Los seis años de destierro, poco a poco se convierten en un regalo de Dios. El P. Palau crea el santuario mariano de la isla, preside misiones que mejoran las costumbres de la población, lleva una vida sobria, de plegaria y de fraternidad y desde estos presupuestos acompaña a la gente sencilla que solicita su ayuda para el camino de la existencia. Hombre honesto y valiente pide su libertad porque no hay motivos para vivir como un malhechor. Incluso escribe a la reina con este objetivo.

Viaja a Roma en 1866 y de nuevo en 1870 para presentar sus preocupaciones sobre el exorcistado al papa y a los Padres del Concilio Vaticano I.

Es el fundador de los hermanos de la Enseñanza y de las hermanas terciarias de la Virgen del Carmen. Hoy son dos congregaciones: Carmelitas Misioneras Teresianas y Carmelitas Misioneras.

Su último servicio es la atención a los apestados de Calasanz. Les atienden sus hijas, pero han resultado afectadas por la enfermedad.

El P. Palau muere en Tarragona el 20 de marzo de 1872, a los 61 años de edad. Sus restos mortales están en la capilla de la casa madre de las Carmelitas Misioneras Teresianas en Tarragona.

El Papa Juan Pablo II, le declaró beato el 23 de abril de 1988. El día de su fiesta litúrgica es el 7 de noviembre

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