7 mar. 2010

Historia callejero de Tarragona Plaça Mossèn Cinto Verdaguer - Plaza Mosen Jacinto Verdaguer



Jacint Verdaguer i Santaló, nació en Folgarolas, Osona (provincia de Barcelona), 17 de mayo de 1845

fue un poeta español en lenguas catalana y castellana.
El obispo Torras i Bages lo calificó de «Príncipe de los poetas catalanes». También se conoce a Jacinto Verdaguer como mossèn Cinto Verdaguer, por su carrera de eclesiástico.

Fue el tercer hijo de ocho, de los cuales sólo sobrevivieron tres. A los once años ingresa en el Seminario de Vic. Mientras seguía estudiando y haciendo de maestro y de labrador, en 1865 participó en los Juegos Florales de Barcelona y ganó cuatro premios. Al año siguiente volvió a ganar dos premios en los mismos Juegos Florales.

El 24 de septiembre de 1870 fue ordenado sacerdote en Vic y en octubre de ese mismo año cantó su primera misa en la ermita de Sant Jordi. A los veintiocho años entró de sacerdote en la Compañía Transatlántica porque le habían recomendado para su salud el clima marítimo y al año siguiente embarcó a Cádiz rumbo a La Habana. A los trenta y dos años, ya de vuelta de su viaje, el jurado de los Juegos Florales le concedió el premio extraordinario de la Diputación de Barcelona por el poema L'Atlàntida. Fue la consagración de Verdaguer como poeta.

En 1880, por haber ganado tres premios en los Juegos Florales, fue proclamado Mestre en Gai Saber. Ese mismo año publicó el libro Montserrat. A los treinta y nueve años viajó a París, Suiza, Alemania y Rusia. El 21 de marzo de 1886, el obispo Morgades lo coronó como Poeta de Cataluña en el Monasterio de Santa María de Ripoll.
Publicó el poema Canigó y realizó un viaje de peregrinación a Tierra Santa. . Actualmente, la finca, convertida en museo, se puede visitar.

En este momento, cuando su vida parecía haber alcanzado la plenitud, se

produjo el desastre, y se produjo con una violencia y rapidez que dejó a todos asombrados, y a él, al poeta, envuelto en las sombras de una tragedia que todavía hoy nos hace estremecer. Aproximadamente en 1890, incapaz de entender la rápida evolución de la sociedad, Verdaguer entra en una etapa de crisis personal, de desasosiego interior y de descontento consigo mismoEl hecho estaba relacionado con su cargo de limosnero; Verdaguer riñó
con su protector; se vio echado del palacio donde había pasado la mayor parte de su vida; se enzarzó en una violenta disputa con su obispo; se vio perseguido, rodeado de amenazas y peligros, y escribió sus famosas cartas "en defensa propia", que, publicadas en un periódico de izquierdas y en un tiempo de encendidas pasiones políticas, provocaron el escándalo mayor que se había visto acaso en Cataluña.ue el final del poeta; se le negaron las licencias para la misa; fue declarado rebelde, y, refugiado en el seno de una familia que él decía honradísima y los otros despreciable y causa de su ruina, vivió sus últimos años en la mayor miseria, arruinada su salud, y casi incapaz de crear ninguna obra nueva. En los últimos años logró que se le devolviesen las licencias; hubo una aparente reconciliación con el obispo, escribió aún algunas obras, pero no recobró ya la paz, ni la salud, que tenía perdidas, ni la brillante inspiración a que se deben sus primeras obras.

En 1898 se puso fin al conflicto. Mossèn Cinto se reconcilió con el obispo Morgades, le fueron restituidas las licencias para decir misa, pudo quedarse en Barcelona y obtuvo un pequeño cargo retribuido en la Iglesia de Belén

Entre sus obras destacan L'Atlàntida (1876), Idilios y cantos místicos (1879), Montserrat (1889), Oda a Barcelona (1883), Canigó (1886).

La inmensa popularidad de que gozó en vida, se manifestó especialmente en el día de su entierro. El cadáver había sido expuesto en el Ayuntamiento de Barcelona, y ante él puede decirse que Barcelona entera desfiló durante todo el día y toda la noche; toda Cataluña le acompañó en una manifestación de duelo como no se había visto otra en la ciudad.

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